Un ejemplo es DeepL, un traductor desarrollado en Alemania y que destaca por su inteligencia artificial, capaz de elegir el significado más adecuado según la posición de la palabra en una frase y las que la rodean.
 Compatible con español, inglés, alemán, francés, italiano, neerlandés y polaco, por ahora, DeepL es capaz de traducir palabras, frases y textos enteros en cuestión de segundos y con una precisión que ya quisiera Google, ya que a pesar de sus más de 100 idiomas compatibles, es frecuente encontrar traducciones desatinadas o sin contexto.
Aunque DeepL se lleva muy bien con las palabras, son los números los que nos dan una imagen de hasta qué punto este traductor puede hacer sombra a grandes como Google o Microsoft. DeepL es capaz de traducir 1 millón de palabras por segundo y aprende de traducciones previas, como las más de mil millones de traducciones de Linguee, el proyecto de traducción anterior a DeepL creado por sus mismos responsables.

Otro detalle que llama la atención es que DeepL funciona gracias a un superordenador, afincado en Islandia, y que es capaz de realizar más de 5.100 billones de operaciones de coma flotante por segundo o 5,1 petaFLOPS.